¿Qué es el principio de Laborit?

Los emprendedores, empresarios y profesionales que buscan nuevas maneras de incrementar la productividad en el trabajo acostumbran a tener muy en cuenta el principio de Laborit.

Y es que conocer el funcionamiento del cerebro e implementar determinadas técnicas puede ser crucial para potenciar la eficiencia laboral, finalizar todas las tareas propias del día a día y aprovechar el tiempo al máximo.

Principio de Laborit: definición

A pesar de que el ser humano ha ido evolucionando con el paso de los siglos, las personas aún conservamos el conocido como “cerebro reptiliano”, que nos lleva a tomar muchas de nuestras decisiones por instinto para no tener que dedicar demasiado tiempo a pensar en ellas.

Podríamos afirmar que el cerebro busca atajos que le lleven a desechar las tareas más complejas y a centrarse en las sencillas, lo que deriva en la temida procrastinación e impide que las faenas más complicadas y tediosas se puedan dar por finalizadas.

El afán de la parte más primitiva del cerebro por desempeñar solo los quehaceres sencillos y saltarse los que son ambiguos o especialmente complejos fue lo que dio lugar al principio de Laborit.

Se trata de un término acuñado por Henri Laborit, un biólogo, etólogo y psicólogo francés que diseñó este principio después de pasar años estudiando el comportamiento de los seres humanos.

¿Cuáles son los pilares básicos del principio de Laborit?

Según el principio de Laborit, existen diversos factores que influyen en nuestra manera de elegir las tareas que vamos a desempeñar, y conocerlos nos puede ayudar a comprender los motivos por los cuales tendemos a seleccionar las labores más sencillas y a descartar las ambiguas o complejas.

Los estudios llevados a cabo por Henri Laborit determinaron cuáles son los mecanismos que emplea el cerebro humano a la hora de elegir lo que tiene que hacer y le permitieron llegar a las siguientes conclusiones:

Lo que gusta antes de lo que no gusta

El cerebro humano tiende a llevar a cabo las tareas que le generan placer y bienestar y a posponer o incluso a dejar de lado aquellas que le resultan aburridas, fastidiosas y desagradables.

Lo sencillo antes que lo complicado

Cuando el cerebro detecta que existe una tarea ambigua o demasiado complicada, suele descartarla y pasar a quehaceres más sencillos que no impliquen pensar en exceso.

Lo rápido antes que lo que requiere tiempo

A la mayoría de las personas les gusta tachar las tareas de su lista de “pendientes” con la mayor rapidez posible, ya que esto les ayuda a sentir que avanzan a una buena velocidad en la realización de sus labores.

Sin embargo, esta elección puede incrementar la procrastinación al provocar que se dejen de lado aquellas actividades que requieren más tiempo.

Lo urgente antes que lo importante

En algunas ocasiones, las tareas urgentes no son las más importantes, aunque según el principio de Laborit el cerebro tiene predisposición a centrarse en lo urgente sin plantearse si es realmente relevante y si existen quehaceres de mayor importancia.

Lo conocido antes que lo desconocido

Ya lo dice el refrán: “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Y es que las tareas nuevas implican aprender, pensar y realizar un esfuerzo para poder asimilar los conocimientos y los pasos a seguir.

Una vez más, el cerebro acostumbra a trabajar en lo que ya conoce en vez de adentrarse en el aprendizaje de nuevas actividades.

Lo impuesto antes que lo elegido

Aunque las jerarquías están cada vez más difuminadas en las empresas que apuestan por modelos de negocio modernos y actuales, el ser humano tiende a sentirse más cómodo cuando forma parte de una compañía compuesta por una estructura jerárquica donde un superior le indica cuáles son las tareas que debe desempeñar.

Claves para evitar que el principio de Laborit afecte de forma negativa a la productividad

Saber cuáles son los elementos que influyen en la toma de decisiones a la hora de priorizar tareas puede ser de gran ayuda para contrarrestar los puntos negativos del principio de Laborit e incrementar la productividad y la eficiencia.

Es por ello que, a continuación, enumeraremos algunos consejos para impedir que el principio de Laborit incida de forma negativa en la ejecución de tareas:

  • Dividir las tareas ambiguas, grandes o complicadas en otras más pequeñas y sencillas para conseguir que el cerebro no las identifique como complejas y no tenga reparos en llevarlas a cabo.
  • Desempeñar los quehaceres más tediosos al comienzo de la jornada, ya que suele ser el momento del día de mayor productividad. En estos casos, puede ser interesante aplicar la metodología conocida como Cómete esa rana, diseñada por Brian Tracy.
  • Valorar cuáles son las actividades más importantes y realizarlas en un primer momento, aunque haya otras más urgentes.
  • Plantear las tareas nuevas como un reto y una forma de aprender cosas nuevas, enriquecerse y adquirir conocimientos.
  • Fomentar la autonomía en el trabajo proponiendo ideas y haciendo sugerencias.

Conclusiones

Según el principio de Laborit, existen una serie de factores que llevan al cerebro a ir siempre a lo sencillo y a descartar lo más complejo, lo que puede reducir la productividad, la eficiencia y la motivación.

Por suerte, conocer las bases de esta teoría desarrollada por el psicólogo francés Henri Laborit puede ser de gran ayuda a la hora de aprender cosas nuevas, crecer a nivel laboral y evitar la procrastinación.