Alargascencia programada. El mundo después del coronavirus

Hoy trataré de explicar un neologismo que ha surgido de la nueva realidad económica derivada de la crisis del coronavirus: la “alargascencia programada”. Esta extraña palabra, que ni siquiera está reconocida por la RAE, está empezando a ponerse de actualidad entre economistas y sociólogos. El concepto no es del todo nuevo. Lo acuñó por primera vez el grupo ecologista Amigos de la Tierra en una campaña de 2015 en la que se reivindicaba la necesidad de alargar la vida útil de los objetos a través de la reparación y la reutilización.

Qué es la alargascencia programada

Básicamente, la alargascencia es lo opuesto a la obsolescencia programada. La primera trata de alargar la duración de productos y bienes de consumo, sin embargo, la última lo que pretende es forzar la caducidad o la vida útil de un producto, de esta manera el consumidor se vea obligado a comprar uno nuevo que lo sustituya. Esta práctica industrial ha sido muy criticada por los consumidores en los últimos años y es una de las consecuencias más negativas del capitalismo moderno. El objetivo último es que los consumidores entren en un ciclo sin fin de consumo y desperdicio.

No obstante, ya empezamos a ser conscientes que después de la crisis del covid-19 el mundo va a ser muy diferente al que conocemos hasta ahora. Nos encontramos en un punto de inflexión histórico en el que intuimos que todo va a cambiar: la forma de relacionarnos, nuestra visión del mundo y también los hábitos de consumo. En esta economía nueva en el que la capacidad de compra se va a reducir para casi todos, la obsolescencia no va a tener cabida.

Ahora es cuando el concepto de “alargascencia programada” va a empezar a cobrar fuerza. Por vez primera, el cliente que hasta ahora consumía únicamente movido por modas y tendencias, va a preferir comprar productos que tengan una utilidad real y una larga vida. El consumidor, después de la crisis, ya no va a disponer de la misma capacidad de compra que antes, por lo que va a exigir que los bienes de consumo que adquiera tengan una amplia durabilidad y fiabilidad. Eso es básicamente la alargascencia programada: el desarrollo de productos con la máxima vida útil.

Hábitos de consumo más sostenibles

No todas las consecuencias de la crisis tienen que ser negativas. La alargascencia programada representa una oportunidad para la sociedad en la mejora de sus hábitos de consumo. Esta práctica tendrá un impacto positivo en muchos aspectos:

  • Ahorro. La alargascencia hace que se reduzca el gasto en los consumidores, incrementándose sus recursos económicos
  • Sostenible. Es más respetuosa con el medio ambiente. Genera menos residuos y un menor impacto medioambiental negativo
  • Más recursos naturales. Evita la sobreexplotación de materias primas y recursos de la naturaleza
  • Frena el consumismo. Reduce la compra excesiva e innecesario de bienes y productos
  • Valores sociales. Mejora la conciencia ecológica y social, favoreciendo el desarrollo de sociedades más justas e igualitarias.

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