Gig Economy: España transforma su mercado laboral

El mercado laboral está en constante cambio y en los últimos 2 años hemos escuchado con cada vez más frecuencia un término anglosajón que alude a esta transformación: gig economy.

Un nuevo modelo en el mercado laboral

La gig economy es, para algunos, un sinónimo de la economía colaborativa, aunque tiene sus matices. En realidad, se refiere a un nuevo modelo económico en el que los trabajadores desempeñan su actividad laboral en base a encargos puntuales o tareas a cumplir en un tiempo determinado.

Idealmente se dota al concepto de cierto aire de romanticismo y libertad. En la gig economy no tienes horarios, ni jefes directos, tú decides qué días quieres trabajar y cuánto. El modelo viene directamente de Silicon Valley y está asociado al mundo de las startups.

Sin embargo, en la práctica esta tendencia, que algunos han traducido como ‘economía del bolo’ está asociada a una gran precariedad laboral y temporalidad. Los empleados no tienen seguro, ni Seguridad Social, ni días de vacaciones. Son, básicamente, falsos autónomos.

La muestra más palpable de la gig economy son los repartidores o riders, que llevan comida o encargos por la ciudad por unos 3 euros el trayecto y deben hacerlo con su propio vehículo, smartphone, etc. Normalmente esperan a aceptar pedidos, pero las plataformas los penalizan si no están disponibles cuando son necesitados. Muchos apenas llegan al salario mínimo interprofesional.

Gig economy en España

¿Cuál es el estado de la gig economy en España? Un estudio de la Comisión Europea publicado en 2017 situaba a España como el segundo país con más trabajadores en plataformas digitales, solo superado por Reino Unido.

El estudio indicaba que un 11,6% de los adultos españoles había trabajado alguna vez para Deliveroo, Uber y otros servicios y apps para prestar trabajos y servicios puntuales. Además, un 9,4% lo hacía de manera frecuente. Por su parte, en Reino Unido los porcentajes ascendían al 12% y 9,9% respectivamente.

Sin embargo, la alta dedicación no va en paralelo al nivel de ingresos en nuestro país. En otro estudio denominado Platform Workers in Europe que ha sido auspiciado por el Centro Común de Investigación (JRC) se pone de manifiesto que los ingresos medios que aporta la gig economy en España están por debajo de los de la media europea.

El promedio de la población que consigue una facturación significativa mediante esta vía es de solo el 2,3%. Sin embargo, según el trabajo, en España un 6,6% de la población dedica a estas actividades un “número significativo de horas”.

En este momento el debate está servido. Para evitar los abusos y las malas condiciones laborales que están amparándose bajo el paraguas de la gig economy, los trabajadores de estas plataformas digitales están comenzando a organizarse. Las primeras denuncias han llegado y los reguladores se plantean qué hacer para que se garanticen los derechos de los trabajadores, pero sin matar la innovación.

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