Meritocracia y economía colaborativa, modelos de negocio imparables

La economía colaborativa o sharing economy ha revolucionado la forma en la que buscamos un lugar de vacaciones, nos movemos por las ciudades o adquirimos bienes y servicios. Ha generado nuevos modelos de negocio y una nueva fórmula para monetizar propiedades, posesiones y habilidades.

En estas plataformas de sharing economy la clave está en lo que conocemos como ‘meritocracia’, un sistema de confianza en el intercambio que viene sustentado por todo el conjunto de opiniones, valoraciones y comentarios que nos dan y damos. Se nos puntúa como anfitriones, huéspedes, conductores, pasajeros, vendedores de productos de segunda mano, repartidores, manitas y un largo etcétera.

En el ámbito de la economía colaborativa, una buena meritocracia es sinónimo de atraer más clientes, encargos y dinero. Si hablan bien de nosotros, se producirá un efecto llamada. Sin embargo, si recibimos malas críticas ocurrirá todo lo contrario. Muchos se lo pensarán dos veces. Así, pues el valor de la meritocracia en estos días y en plena eclosión de servicios de economía colaborativa es muy alto. Se trata de un intangible incalculable, pero capaz de hundir negocios o, por el contrario, hacer que no se de abasto con tanta demanda.

Los particulares que se han embarcado en la sharing economy o economía colaborativa están comprendiendo el valor de este concepto, pero a muchas empresas les ha cogido con el pie cambiado. Hoy en día, tener una mala reseña en Google Maps o TripAdvisor puede llevar a un restaurante, bar u hotel a la ruina. Todavía hay ciertos establecimientos que se están percatando de que a la hora de ver dónde ir, los clientes miran primero en Internet cómo ha sido la experiencia de quienes ya estuvieron allí.

Esto da mucho poder a los usuarios de los servicios y algunos, conscientes de ello, intentan obtener beneficios a base de chantajes a los establecimientos. Si no consiguen lo que pretenden, escriben un comentario sangrante que espantará a la futura clientela. El no ceder a una comida o bebida gratis o a otra petición puede salirse muy caro a las empresas.

Meritocracia como ciudadanos

El gobierno chino ha llevado la meritocracia un paso más allá, implantando un sistema que parece sacado directamente de la serie de ciencia ficción Black Mirror. Aunque su lanzamiento oficial no se producirá hasta 2020, el país lleva probando desde 2010 una tecnología llamada Sistema de Crédito Social, que se basa en el reconocimiento ciudadano y en su calificación social y se apoya en los 200 millones de cámaras CCTV que China tiene repartidas por todo su territorio.

Los ciudadanos reciben más puntuación numérica si son ‘buenos chicos’. Ganan puntos si realizan determinadas acciones como pagar facturas a tiempo, colaborar en algunas actividades benéficas, reciclar, etc. Una cifra elevada les permite escalar de cierta manera en la escala social, ya que pueden beneficiarse de cosas como reducir los tiempos de espera hospitalarios, obtener más facilidades para créditos o conseguir transporte público más barato y que tarde menos tiempo.

Este sistema extremo de meritocracia no solo incluye recompensas, sino también castigos. Aquellos que rompan las reglas o leyes establecidas serán sancionados con la pérdida de puntos. Aquí se incluye el expresarse en redes sociales de una manera que no le guste a la Administración china. Una baja puntuación en el Sistema de Crédito Social puede implicar multas financieras y restricciones a la hora de viajar o usar ciertos transportes, como el avión. La herramienta calificará a los ciudadanos, pero también a las empresas nacionales y foráneas.

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