Robots sexuales: ¿Será saludable y legal usar un sexbot?

Mucho se está hablando de los robots sexuales o sexbots en los últimos años. ¿Su uso es legal? ¿Tienen efectos positivos para la salud? ¿Realmente es ético utilizarlos? ¿Qué implicaciones emocionales pueden tener para una pareja? ¿Acostarse con ellos podría considerarse infidelidad? ¿Pueden ayudar a reducir los delitos sexuales? ¿Son buenos para paliar la soledad y la depresión?

Por el momento no se han hecho demasiadas investigaciones al respecto, aunque comienzan a surgir poco a poco. Hace unos años el futurólogo Ian Pearson elaboró un informe con la conclusión principal de que en 2050 el sexo con un robot (o sexbot) llegará a ser más común que el sexo con humanos.

Pearson vaticina que alrededor de 2025 comenzaremos a ver cómo los robots sexuales -cuyo coste hoy en día puede rondar entre los 7.000 y los 50.000 dólares- se empiezan a adquirir y están presentes en hogares de altos ingresos o de personalidades acaudaladas. En 2035, según su pronóstico, la mayoría de los ciudadanos poseerán juguetes sexuales que interactuarán con realidad virtual. El futurólogo espera que en veinte años el mercado sexual sea tres veces más grande que lo que es hoy y en 2050 sea siete veces mayor que actualmente.

Otro informe elaborado por la Fundación para la Responsabilidad Robótca (FRR), un organismo que aboga por un diseño y políticas responsables respecto a los androides, advierte sobre los riesgos que los robots sexuales presentan a nivel ético. La fundación denuncia que tal y como está evolucionando el mercado -que se centra solo en la producción de modelos femeninos- se está potenciando aún más la idea de la mujer como objeto y promoviendo la deshumanización femenina y la esclavitud sexual. Por otro lado, la FRR se lamenta de que puedan ·alterarse las reglas del consentimiento sexual”.

Un estudio realizado por dos expertas británicas en salud sexual, Chantal Cox-George y Susan Bewley -y publicado en la revista British Medical Journal Sexual & Reproductive Health- incide en que se trata de una industria dedicada casi en exclusiva a varones. Además, aseveran que no hay datos que “relacionen los aspectos de salud con el uso de robots sexuales”, pidiendo más investigación sobre la materia. “El mercado predominante de los sexbot no estará relacionado con la atención médica. Por lo tanto, los argumentos que hablan de los beneficios para la salud, usados en tantos productos publicitados, son bastante engañosos”, destacan las investigadoras.

Asimismo, Cox-George y Bewley piden que se rechace el uso clínico de sexbots hasta que sus supuestos beneficios terapéuticos y de limitación de daños “hayan sido probados empíricamente”. Las autoras del estudio los ven con recelo y opinan que las afirmaciones de que los robots sexuales son buenos para la salud solo pretenden impulsar la industria mundial de la tecnología sexual, valorada en 39.000 millones de dólares.

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