El daño emergente: Algunos supuestos prácticos

El concepto de daño emergente ya lo he tratado en el blog previamente. Como ya comenté, está íntimamente ligado al concepto de lucro cesante. En aquellos casos en los que se ha producido un daño y se necesita solicitar una indemnización, es el valor que equivaldría directamente al perjuicio sufrido, osea, la lesión patrimonial directa. Si es un bien que ha sido destruido supondría el coste de su reposición, el precio del bien afectado o destruido. Así lo contempla el artículo 1.106 del Código Civil.

La existencia del daño emergente depende de que se pruebe su existencia y pueda cuantificarse. No obstante, esto siempre es más sencillo de medir que en el caso del lucro cesante, en el que lo que se calcula es el beneficio que se ha dejado de recibir a causa del daño o la ganancia malograda a consecuencia de un siniestro.

Esta figura cuenta a su vez con dos conceptos indemnizatorios: el daño emergente actual y el daño emergente futuro. El primero de ellos se refiere al momento presente y el otro son los gastos que se tendrán que asumir a posteriori por culpa del siniestro. Si ha habido un accidente de trabajo, en el primer concepto estarán metidos los medicamentos, el coste de una operación, etc, mientras en el segundo podrás incluirse las sesiones de fisioterapia y rehabilitación, etc.

Para definir qué es el daño emergente creo que la forma más sencilla es mediante algunos supuestos:

  • Si ha habido un accidente de coche, el daño corresponderá al propio vehículo, a otros vehículos implicados en el choque, a personas, así como a objetos de la vía pública o mobiliario urbano.
  • Si el siniestro ha ocasionado problemas de movilidad al conductor o pasajeros o de otro tipo, forman parte del mismo los gastos médicos, quirúrgicos, la silla de ruedas, las muletas, los costes de adaptación de la vivienda para minusválidos e incluso la compra de un perro en el caso de que el accidente haya producido ceguera.
  • Si el accidente ha sido muy grave y se han producido muertes comprende los gastos razonables que cause un fallecimiento como la manutención, el desplazamiento o el alojamiento. También se incluirán los gastos que conlleve el funeral, los traslados e incluso la repatriación de un cadáver si fuera necesario. Incluso cubre los costes de tratamiento médico y psicológico a familiares muy cercanos por las secuelas del siniestro durante un intervalo de seis meses.
  • Si se ha dado en un edificio, supondrá todos los gastos para realizar reformas o hacer una obra de rehabilitación, incluyendo la mano de obra. Si se ha destruido por completo se añadirán todos los gastos para la edificación, etc. También todos aquellos muebles, máquinas, objetos valiosos o tecnología que hubiera en su interior.
  • Si se ha producido un daño en un terreno agrícola, entran todas las frutas y verduras que se hayan echado a perder que siguiera plantadas, la cosecha que estuviera recolectada pero haya sido dañada, los fertilizantes que se hayan vertido, el coste de volver a preparar la tierra, etc.
  • Si te roban en la calle o en una propiedad el daño emergente contempla todos aquellos objetos que hayan sido sustraídos: dinero de la cartera, joyas, tarjetas de crédito, obras de arte, así como el coste de reparación o sustitución de puertas, alarmas, muebles o cortinas que se hayan roto o perjudicado al entrar por la fuerza.

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