Principales características del emprendimiento por necesidad

Desde el comienzo de la crisis miles de profesionales han decidido montárselo por su cuenta. Muchos de ellos se han visto lanzados al emprendimiento por necesidad debido a la falta de oportunidades laborales. En España esta cifra llegó a ser bastante alta, debido al gran número de personas que se quedaron sin empleo desde 2008. No obstante, este porcentaje habría ido descendiendo en los últimos años y el emprendedor tipo en nuestro país es más una persona que decide crear un negocio al detectar oportunidades en el mercado.

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Así lo pone de manifiesto el informe Global Entrepreneurship Monitor (GEM) España 2016, presentado el pasado mes de junio por la Asociación RED GEM España, la Fundación Rafael del Pino y Banco Santander. Según el estudio, basado en 25.000 encuestas realizadas a personas entre 18 y 64 años, la principal motivación del 70,2% de aquellos que han decidido crear un negocio es haber encontrado una oportunidad o nicho, mientras solo un 26% habla de emprendimiento por necesidad.

Esta segunda fórmula en la que también caben personas que no tienen otra manera de conciliar su vida laboral con la familiar es tan válida como la primera, aunque -para algunos- menos romántica y vocacional. El emprendedor necesita serlo para subsistir, porque no ha conseguido un trabajo por cuenta ajena ni otra alternativa que le permita obtener unos ingresos aceptables. Esta forma de emprender ‘a la desesperada’ muestra algunas diferencias con respecto a las otras:

  1. Inmediatez por monetizar. El emprendedor por necesidad no dispone del mismo margen de maniobra que otro tipo de fundadores. Quizás se ha visto arrojado de la noche a la mañana de una empresa por cuenta ajena a esta situación o ha tomado la decisión tras comprobar cómo su prestación por desempleo se agota y no encuentra un empleo fijo. Puede que tenga que hacerlo para alimentar a su familia o pagar una hipoteca. Por lo tanto, hay cierta urgencia para conseguir clientes e ingresos. Eso puede llegar a ser un factor en su contra si acepta trabajos de poca calidad o mal pagados.
  2. Excesivo celo o falta de riesgo. Estos fundadores no pueden arriesgar mucho más allá que la capitalización del paro o el dinero que se han llevado de la indemnización por despido. No suelen poner más dinero, porque precisamente les hace bastante falta obtenerlo. Esto les lleva a ser más cautelosos y precavidos.
  3. No existe un plan de negocio. No podemos generalizar, pero muchos de estos profesionales no se paran a elaborar un plan de negocio. En muchos casos ni siquiera tienen tiempo de detenerse a evaluar el mercado y sencillamente se ponen a ofrecer sus servicios.
  4. Puede haber falta de pasión. Los emprendedores que se tiran a la piscina por cumplir un sueño, detectar una oportunidad en el mercado o simplemente porque le atrae el trabajo por cuenta propia, suelen ser personas apasionadas y llenas de ilusión por lo que hacen. Eso es más difícil que les ocurra a aquellos profesionales que inician un emprendimiento por necesidad, ya que en realidad su leitmotiv es la obligación. Iniciar una actividad profesional por su cuenta es su último cartucho. No obstante, algunos sí que consiguen jugar esta necesidad con una pasión o hobby.
  5. No hay un compromiso a largo plazo. Este tipo de emprendedores se hacen autónomos como una situación transitoria. De hecho, es muy probable que abandonen el trabajo por cuenta ajena si les ofrece un puesto de trabajo que colme sus expectativas laborales y económicas. No cuentan con un proyecto que quieran desarrollar a largo plazo. La actividad puede cambiarse por otra que genera ingresos más altos o cesarse cuando alguien les contrate.
  6. Tienen mayor edad y rentas más bajas. El perfil del autónomo por necesidad es el de alguien más senior, al que los procesos de selección y los recruiters dejan en muchos casos fuera. Son de media 1,5 años más mayores que los emprendedores vocacionales. Estos fundadores tienen menores rentas que el resto e incluso pueden tener una educación menor que los anteriores (lo normal es que hayan realizado estudios medios y superiores). La ventaja es que suelen disponer de más experiencia profesional y pueden tener una amplia red de contactos.
  7. Montan micropymes. Normalmente se trata de proyectos de muy pequeño tamaño y en su mayoría unipersonales. Pueden subcontratar a otros profesionales para algunos trabajos cuando no dan más de sí o les piden algo especializado, pero lo normal es que los hagan ellos mismos. No suelen tener interés en contratar a otras personas, sino en abarcar el mayor número de encargos posibles.

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