Nuevos actores en la Bolsa: Robots de inversión e inteligencia artificial

En los últimos años se ha producido un fuerte impulso a la inteligencia artificial, de tal modo que muchos de los servicios que las empresas siempre han prestado a sus usuarios (atención a las reclamaciones, lanzamiento de promociones, etc.) ya se realizan a través de robots (también denominados bots). De hecho, hace tiempo que publiqué un artículo analizando este fenómeno y su impacto sobre la productividad.

Pues bien, uno de los últimos sectores en los que ha desembarcado la inteligencia artificial es el de la inversión bursátil. Básicamente, lo que hacen los robots de inversión (a los que también se conoce como inversores de alta frecuencia o automatizados) es seleccionar los activos en los que situar el dinero de sus clientes en función del perfil de estos… Con la peculiaridad de que no existe intervención del ser humano, lo que reduce costes y agiliza mucho las operaciones.

Una figura ‘made in USA’

En España, la actividad de estos nuevos traders de la Bolsa es aún bastante limitada. No sucede los mismo en EE.UU., donde los robots de inversión ya campan a sus anchas al no existir en los mercados bursátiles norteamericanos ninguna limitación a su actividad. Por el contrario, en nuestro país sí hay, en cierto sentido, un freno a su expansión… como, por ejemplo, la obligatoriedad de que los inversores sean poseedores de los títulos que venden.

En todo caso, lo lógico es que las Bolsas europeas se vayan llenando poco a poco de robots de inversión en los próximos años. De hecho, la entidad financiera HSBC ha anunciado recientemente que va a poner en marcha un servicio propio de robots en el Reino Unido y, según cifras de Business Insider, ya hay cerca de un centenar de inversores de alta frecuencia operando en el Viejo Continente.

El riesgo de la distorsión del mercado

Como sucede siempre que se trata algún tema relacionado con la inteligencia artificial y la aparición de robots que empiezan a desempeñar tareas que antes hacían los humanos, la existencia de robots de inversión ya cuenta con no pocos detractores. Fundamentalmente, los pequeños inversores, que se ven incapaces de poner y quitar posiciones a la misma velocidad que lo hacen los algoritmos que guían la actuación de estos humanoides.

Pero uno de los riesgos de la proliferación de estos inversores automatizados es que realicen acciones que acaben distorsionando el mercado, de dudosa legalidad. Por ejemplo, podrían emitir muchas órdenes de compra o venta a la vez para, después, terminar cancelándolas. Esto convertiría a los robots de inversión en una herramienta que permitiría calentar el precio de una determinada operación que, al final, no ejecutarían. De hecho, en mercados donde actúan estos bots ya se están detectando operaciones masivas de este tipo.

El big data como antídoto

Evitar que se produzcan este tipo de interferencias es, probablemente, el principal reto al que se enfrenta la inteligencia artificial aplicada al ámbito bursátil. Y eso, más allá de barreras normativas, requerirá de la introducción de tecnologías capaces de analizar en tiempo real con qué frecuencia lanzan órdenes a los mercados estos inversores automatizados o en qué volumen lo hacen. Es decir, habrá que aplicar otra de las revoluciones tecnológicas de nuestra era: el big data.


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