El préstamo participativo, un asiduo en las rondas de financiación de la startup

En ocasiones nos empeñamos en cambiarle el nombre a cosas que, en realidad, existen desde hace varios años. Es el caso, por ejemplo, de los nuevos proyectos empresariales que adquieren el formato de pyme o de trabajador autónomo, a los que ahora solemos denominar startup. Y también es el caso del préstamo participativo, una fórmula para financiar a la pyme que en España entre otros muchos suele utilizar la Empresa Nacional de Innovación (Enisa), y a la que muchos denominan ronda de financiación, lo que no es del todo exacto.

Esta modalidad nació en la década de los 90 (en España fue regulado en el año 1996) y tiene como principal objetivo dotar a los pequeños y medianos negocios innovadores y en fase de expansión de una financiación alternativa o complementaria a la tradicional. De hecho, se podría decir que esta opción se encuentra a caballo entre el crédito de toda la vida y la capitalización pura, ya que permite ampliar los recursos propios sin tener que dar entrada a terceros en la gestión de la pyme.

Diferencias con el préstamo bancario y la capitalización pura

La principal diferencia respecto al préstamo tradicional es que en el préstamo participativo la entidad financiera percibe un interés variable en función de los resultados de la empresa. Para que nos concedan el préstamo, los resultados previsionales deberán estar previamente marcados en un plan de negocio que debe estar bien redactado y ser viable. También puede ocurrir que estos préstamos cuenten con una parte fija y otra variable.

Pero hay más diferencias. Por ejemplo, el crédito participativo no necesita avales, puede incluir carencias en el pago de los intereses y para amortizarlo antes de tiempo se suele exigir a la empresa que amplíe los recursos propios en una cantidad idéntica a la amortizada. El objetivo de esta medida es evitar que la compañía o la startup quede descapitalizada.

Otras características del préstamo participativo están más cerca de la capitalización pura. Por ejemplo, la entidad prestamista puede reservarse el derecho a convertir el dinero prestado en un porcentaje del capital de la empresa en el futuro, y aunque no participe en la gestión de la pyme, sí que puede obtener representación en el consejo de administración.

financiación

Muchas ventajas y algún inconveniente

La principal ventaja de este instrumento es la flexibilidad que otorga tanto al prestamista como al prestatario. Además, los inversores se aseguran unos rendimientos periódicos y cuentan con una facilidad para desinvertir mucho mayor que con otras fórmulas. En el otro extremo, los inversores se situarán detrás de los acreedores a la hora de cobrar en caso de que el negocio fracase y termine en un concurso de acreedores, ya que el préstamo participativo se considera deuda subordinada.

Los beneficios son más evidentes para la propia pyme, que además de evitarse la búsqueda de avales podrá deducirse fiscalmente los intereses en el pago del Impuesto de Sociedades, garantizará la independencia de la compañía, disfrutará de unos plazos de amortización más elevados que con la financiación tradicional e incluso transmitirá una imagen de fortaleza al mercado, lo que podrá ayudarle a la startup a captar nuevos inversores en futuras rondas de financiación.

En Dipcom Corporate somos expertos en asesoría para empresas y startup, analizando en cada caso qué fórmula financiera es la más adecuada para nuestros clientes, incluida la opción del préstamo participativo. Puedes informarte sobre nuestros servicios a través de nuestro formulario de contacto.