Airbnb y la burbuja del alquiler de vivienda

La irrupción de las tecnologías basadas en la economía colaborativa en el ámbito urbanístico ha provocado una revolución en el mercado español del alquiler de vivienda. Plataformas como Airbnb, Wimdu, Homeway, Niumba, Rentalia, Housetrip, Hundredrooms, 9flats o Homelidays, teóricamente dedicadas al arrendamiento de pisos y casas vacacionales, han empezado a utilizarse para alquilar viviendas residenciales, lo que se ha traducido en un encarecimiento del alquiler en ciudades como Madrid y, sobre todo, Barcelona.

De hecho, el ayuntamiento de la Ciudad Condal, liderado por Ada Colau, ha declarado la guerra a este tipo de plataformas online, hasta el punto de multar con 600.000 euros a Airbnb y Homeway hace varios meses por anunciar pisos turísticos sin licencia. En los últimos días, Airbnb ha intentado sellar la paz a través de una propuesta, que no ha satisfecho al consistorio barcelonés, por la que la plataforma se comprometía a limitar el número de viviendas anunciadas por cada usuario a solo una, además de garantizar el cobro al arrendatario de los impuestos relacionados con el alquiler y a los inquilinos de la tasa turística.

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Algo más que una recuperación de los precios

El rechazo que este tipo de plataformas ha despertado en algunos ayuntamientos está muy relacionado con el encarecimiento del mercado residencial que ha provocado su presencia. Porque es cierto que los precios del alquiler de vivienda han crecido en todo el país durante 2016 (un 15,9%, según Idealista, hasta los 8,2 euros por metro cuadrado), pero también lo es que el incremento ha sido mucho mayor en Cataluña (del 26,8%, hasta los 13,3 euros por metro cuadrado) y la Comunidad de Madrid (un 18%, pagándose 12,9 euros por metro cuadrado).

Aunque la mayoría de expertos en el sector inmobiliario niegan que se esté generando una nueva burbuja, lo cierto es que la vivienda vacacional está distorsionando el mercado, y no solo el del alquiler de vivienda, sino también el de compraventa: muchos inversores se lanzan a comprar ladrillo para poder poner más pisos en alquiler a través de estas plataformas online, donde las rentabilidades obtenidas son muy superiores al alquiler tradicional. De hecho, hay quien apunta que el precio de la compra de pisos no viene actualmente determinado por las hipotecas (como ha sucedido siempre), sino por los alquileres.

Una tendencia difícil de frenar

Si regular la actividad de plataformas como Airbnb resulta casi imposible, tampoco es más fácil tratar de poner freno a esta escalada en el precio de los alquileres. De hecho, la Generalitat de Cataluña intentará hacerlo a partir de primavera, con la introducción de un sistema que incentivará a quien ponga en alquiler pisos baratos y castigará a quien suba los precios. Este modelo ya existe en Alemania, Austria o Suiza, pero muchos dudan de que pueda implantarse con éxito en un país como España, donde el alquiler en el mercado negro asciende al 46%.

En lo que sí coinciden los expertos es en la necesidad de alcanzar un gran Pacto de Estado en materia de alquiler de vivienda, porque el mercado inmobiliario ha reducido tanto su stock en los últimos años que la demanda de pisos ha superado a la oferta. Solucionarlo exigirá construir nuevas promociones, pero también satisfacer las demandas de los jóvenes, que prefieren un piso de alquiler en el centro de las ciudades a una vivienda protegida en las afueras. Y eso ahora mismo choca con el auge de la vivienda vacacional en Madrid, Barcelona o Valencia, donde cada vez hay menos pisos en alquiler y cada vez son más caros.