Nuestros datos contaminan (y quizá más de lo que creemos)

Clean Data es un término mucho menos atractivo que Big Data, pero es incluso más importante. Se refiere a la idea de reducir la contaminación generada por el internet de las cosas. El tráfico de datos es contaminante. Si, es cierto que el uso de internet para, por ejemplo, trabajar desde casa en vez de coger el coche para ir a la oficina  o hablar por skype en vez coger un avión para dar una conferencia reduce la contaminación, pero esto no significa que la elimine. Enviar un whatsapp, mandar un mail, ver una serie; todas estas acciones cotidianas tienen un impacto en nuestro planeta. Concretamente, para hacerlo menos etéreo y que tengáis una idea clara, se calcula que 65 emails suponen un kilómetro de automóvil. Esto es una huella considerable. De hecho, si la nube fuera un país, sería el sexto país más contaminante del mundo.

El impacto medioambiental del tráfico digital le pisa ya los talones al impacto que causa el sector aéreo. El tráfico y el almacenamiento de datos supone  el 2% de la emisión mundial de gases con efecto invernadero, tal y como  señaló GreenPeace en su informe How Green is Your Cloud?.  Según la consultora CEET,  la industria de telecomunicaciones en su conjunto, produce 830 millones de toneladas de dióxido de carbono al año, cifra que según sus estimaciones se duplicará en 2020.

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El consumo de  energía de un centro de datos como este es inmenso.

¿De dónde proviene esa contaminación? De la energía necesaria para hacer funcionar la infraestructura. Esa electricidad es generada en su mayoría por combustibles fósiles y nucleares, no de renovables. Las antenas de móvil, los dispositivos para acceder a Internet y los centros de datos requieren cantidades enormes de electricidad. Estos últimos, cada vez más, se considera las fábricas del siglo XXI. Sin ir más lejos, la mayor parte del consumo energético de las industrias virtuales está vinculada a los gigantescos centros de datos y servidores. Según la Comisión Europea estos centros consumen el 35% de la energía de todo el sector de las telecomunicaciones.

Para sorpresa de nadie diremos que las empresas que más contaminan con el almacenamiento y tráficos de datos son, entre otras, Amazon o Netflix, que ella solita representa casi un tercio del tráfico de internet en Estados Unidos. La buena noticia es que muchas compañías ya están tomando medidas. Empresas como Google, Facebook, Apple o Microsoft están invirtiendo millones en reducir la huella de CO2 de sus gigantescos centros de datos. Google, por ejemplo, asegura que en los últimos diez años han desarrollado técnicas de eficiencia energética de última generación para sus centros de datos. Tal y como señalaba recientemente un artículo de Cinco Días, la firma calcula que con la misma energía ahora logran el triple de rendimiento. Esto es un paso importante, teniendo en cuenta que el buscador carga nada menos que 20.000 millones de páginas al día. 

Pero todavía queda mucho por hacer, en países cuya dependencia de internet es cada vez más aplastante, como China, que, a pesar de la censura cuenta con el mayor número de usuarios de internet del mundo. O India, por ejemplo, donde el 70% de las 400.000 antenas para móviles no tiene acceso a fuentes limpias de electricidad.

Lo cierto es que las empresas de tecnología globales tienen la oportunidad de dar ejemplo al mundo, siendo abanderadas de una electricidad más limpia y de tomar elecciones a la hora de abastecerse que garanticen una nube sostenible. Esperemos que estén a altura.

 

Nuestros datos contaminan (y quizá más de lo que creemos)
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