El riesgo de la banca en la sombra

Cada vez se escucha más el término banca en la sombra o shadow banking, cómo se conoce en inglés. Recientemente he hablado en otros artículos del sistema bancario y de las razones de su crisis -fintech, bajada de los tipos de interés,etc- pero el shadow banking también es una de ellas. Y cada vez más. De hecho, la presidenta de la reserva federal, Janet Yellen, ya ha advertido que el banco en la sombra supone un gran riesgo para la economía mundial. Incluso el Financial Times ha alertado de que podríamos estar a las puertas de una nueva crisis financiera similar a la de 2008, pero en lugar de causada por las hipotecas subprime, causada por los no bancos. ¿De qué se trata este fenómeno? ¿Cuál es su impacto? Y ¿a qué ritmo crece este tipo de banca?

Según la definición de El Financial Stability Board (FSB), organismo fundado en 2009 para promover la estabilidad financiera internacional, estamos frente a un “sistema de intermediación crediticia conformado por entidades y actividades que están fuera del sistema bancario tradicional”. No hay control, y por lo tanto, no hay nadie que responda en caso de impago.

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No es precisamente algo nuevo. El término de “banca en la sombra” fue acuñado por el economista Paul McCulley en 2007. Sin embargo, es ahora cuando más preocupa, por la velocidad a la que crece y por la variedad de actores que forman parte del mismo. Atención a los datos: en el periodo comprendido entre 2011 y 2014, los activos financieros en manos de la banca en la sombra crecieron a una tasa anual media del 6,3%, mientras que el tamaño del balance de la banca tradicional solo lo hizo a un ritmo del 5,6%. Se calcula que la banca en la sombra manejan alrededor de 50 billones de euros o el 120% del PIB mundial.

Este sistema de crédito equivale al 12% de todos los activos financieros que hay en el mundo. Un 40% del sector tiene operaciones en Estados Unidos, un 21% en Francia, Alemania e Irlanda, un 11% en Reino Unido y un 7% en Japón, tal como señala  el”Informe global sobre la banca en la sombra 2015″.

En China el crecimiento es como poco llamativo. El país asiático se lleva el 8% del pastel mundial, en parte debido a la expansión del direct lending, un método por el que compañías de seguros, fondos de pensiones y fondos de capital riesgo ofrecen créditos a las empresas sin las suficientes garantías para ello. En países como Argentina, India o Sudáfrica también crece exponencialmente.

¿Y cuál es el problema? se preguntarán muchos. El hecho de que se expanda como la pólvora  y de que su modelo de negocio escape a la supervisión ha encendido las alarmas por el riesgo sistémico que lleva implícito. Este riesgo parte de la base de que a diferencia de los bancos, que prestan con la garantía de depósitos de los clientes, los llamados “no bancos” prestan dinero utilizando el dinero de los inversores y las líneas de crédito rotativas. Esto es especialmente peligroso, ya que muchos inversores que apuestan en apuestan en ganancias a corto plazo retiran su dinero a la vez, cuando hay alguna amenaza. Estos bancos no provisionan capital para cubrir un posible impago, porque nadie se lo exige, lo cual puede tener consecuencias catastróficas. Aunque no siempre es algo malo, tal y como destacaba recientemente The Economist, el shadow banking puede ser eficaz en países en los que la banca tradicional es muy restrictiva, cara o directamente está ausente.

En cualquier caso, su crecimiento es imparable y a menos que los organismos reguladores consigan poner cercos a esta industria sus consecuencias serán impredecibles. O quizá no sean tan impredecibles y volvamos a revivir aquella crisis que todavía tenemos tan presente.

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