Innovación social, la clave del progreso

La innovación social es la solución a los principales retos a los que se enfrenta la sociedad actual. Prueba de ello es que cada vez engloba a actores más diversos, atrae una considerable inversión y despierta un creciente interés entre el políticos y académicos. Pero, ¿a qué nos referimos exactamente con este término? Según la definición de Young Foundation “la innovación social es un enfoque nuevo para solucionar problemas sociales”. Es social tanto en sus medios como en sus fines. Llena un vacío que el sector público por sí solo no ha sido capaz de satisfacer. Además, involucra y moviliza a los beneficiarios y a la vez ayuda a transformar sus relaciones sociales, mejorando su acceso a los recursos y promoviendo su participación activa a la hora de resolver lo retos que afrontan. Es decir, ofrece ideas innovadoras en sí mismas y  a la vez útiles para capacitar a la sociedad a innovar.

social-innovation

A pesar de que esta disciplina surge sobre todo a pequeña escala, por ejemplo, entre pequeñas comunidades, muchas de estas pequeñas soluciones también tienen un potencial enorme y pueden exportarse, para solucionar retos globales. Estos pueden ir desde la lucha contra el cambio climático, hasta la integración de refugiados en el mercado laboral de sus países de acogida, pasando por reducir la pobreza global.

La innovación social puede darse en diferentes formas, nuevos productos a servicios, modelos, mercados o procesos. Su objetivo principal no es sólo resolver el problema social inmediato, sino también mejora la capacidad de la sociedad para actuar en el futuro. Aunque, ojo, no cualquier idea vale. Existen una serie de características a cumplir.

  1. Debe tener algún componente novedoso. La innovación social no necesariamente tiene porqué ser algo completamente original o único, pero sí debe  aportar algún enfoque novedoso en el ámbito, sector,  región o  mercado en el que se centra.
  2. Más allá del papel. Va más allá de ideas innovadoras y debe tener el potencial necesario para ser implementada de forma práctica y sostenible.
  3. Responde a una necesidad social. Como hemos mencionado, la razón de la innovación es satisfacer una necesidad social, que de no ser cubierta, causaría un significante daño o sufrimiento.
  4. Es efectiva. La idea debe ser más efectiva que las soluciones existentes y proporcionar una mejora cuantificable en los resultados.
  5. Mejora la capacidad de la sociedad para actuar. La innovación social debe crear nuevas relaciones de peso entre las personas y grupos que antes estaban separados, capacitar a las personas para crear desarrollar habilidades y capacidades y/o hacer mejor uso de los recursos disponibles.

En los últimos años, son cada vez más los ejemplos de innovación social que, impulsados por movimientos sociales, han adquirido gran popularidad, como el comercio justo, la reducción de emisión de carbono, las granjas ecológicas o los fondos de inversión social. Lo importante para que estos proyectos puedan llevarse a cabo es que tanto el sector público, como las empresas privadas y tercer sector, el de las ONGs, coordinen esfuerzos para lograr objetivos comunes.

Un ejemplo de cómo se entrelazan con éxito es el Social Innovation Fund, creado por  Obama en 2009. Hasta la fecha, este fondo ha otorgado 137 millones de dólares. Este proyecto parte de la premisa de que la mayoría de inversores no van a poner su dinero en una idea  que todavía  está en fase embrionaria. Pero tampoco es el estado en el que financia en su totalidad los proyectos, la filantropía es el mediador entre ambos. Las ideas con con gran potencial de impacto reciben becas y créditos durante su etapa semilla, para que después  los inversores y capital riesgo apuesten por estos modelos una vez está garantizada su viabilidad. Así, todos ganan. En especial, la sociedad. ¿No sería buena idea contar con un fondos similar en nuestro país?