Es hora de fomentar el talento y la cultura del emprendimiento

En nuestra sociedad fallar está penalizado. O quizá lo que está penalizado es triunfar y ser valiente. El informe Global Entrepeneurship Monitor 2015/2016 pone en evidencia que “la sociedad española tiende cada vez a valorar menos el éxito del emprendedor. Una explicación que podría estar vinculada al coste-beneficio que ello supone o tal vez porque emprender es visto como una profesión con mayor riesgo”.

En España, nos enseñan que debemos estudiar para tener un puesto fijo del que no movernos. Ni en los institutos ni en las universidades se da prioridad a las clases sobre emprendimiento, sobre liderazgo, sobre gestión de equipos o sobre el talento. ¿No sería útil? Enseñar a los jóvenes que no sólo tienen dos opciones, véase, entrar en una empresa o sacarse unas oposiciones. Enseñarles que ellos mismos pueden crear su propia empresa sin esperar que nadie a llame a su puerta. Y empezar desde el colegio. Es cierto que el emprendimiento no tiene que ser la panacea para todo y todos, pero nunca está de más aprender valores como la tenacidad, la lucha por tus objetivos o la confianza en uno mismo. Esto evitaría ciertas frustraciones, especialmente para aquellos que se dan de bruces con la realidad cuando ven que no hay trabajo en su sector.

emprendedor

En el pasado, uno terminaba la carrera y  listo, a colocarse. Pero ahora hay muchas más dificultades, muchos más factores en juego, como la enorme competitividad. Ni siquiera contar con uno o dos máster, hablar idiomas y ser el mejor de nuestra promoción nos garantiza tener un puesto de trabajo a la altura de nuestras expectativas. La meritocracia no siempre cuenta, por desgracia. Por ello, el emprendimiento es una salida clave. Aunque ojo, no todo es necesidad, cada vez son más los emprendedores que deciden poner en marcha sus compañías porque han hallado una oportunidad que les motiva y no tanto porque no encuentran un puesto en un mercado laboral que en España no funciona desde hace más de 30 años. Lo dicen los datos. Según el informe, “el peso relativo de la oportunidad como razón para emprender ha aumentado entre el emprendedor en fase inicial, pasando del 66,1% en 2014 al 73,5% en 2015. Además, aquellos que emprenden empujados por la necesidad ha disminuido hasta el 24,8%, tras alcanzar el 30% en 2013 y en 2014”.

¿Cómo va a existir una sólida cultura del emprendimiento si ni siquiera el Estado se preocupa por fomentar la innovación? Con una ridícula inversión en I+D que se ha visto reducida drásticamente con la crisis hasta llegar a niveles de 2003,  el emprendedor no lo tiene fácil para hacerse un hueco. O al menos no como en otros países.  Otro dato curioso de este estudio es que “el porcentaje de empleados emprendedores es más alto en los países basados en la innovación que tienen un mayor PIB per cápita, como Luxemburgo, Noruega, Suiza y Estados Unidos. Este fenómeno se presenta en economías en las que sus organizaciones promueven iniciativas intraemprendedoras que generan valor económico y social para sus accionistas”. Por no hablar de los impuestos y la burocracia, que continúan siendo los principales lastres de esta actividad y la causa de que el talento tenga que probar suerte en el extranjero. Porque, reitero, talento hay. Muchísimo. Ahora sólo nos falta cuidarlo, fomentarlo  y tratarlo como se merece.


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