¿Por qué trabajar desde casa está mal visto?

-¿Trabajas desde casa?

-Sí, mis ocho horas diarias.

-Pero eso no es trabajar de verdad…

Seguro que más de un teletrabajador ha escuchado una frase similar a lo largo de su vida y si nadie se lo ha dicho, por pura educación, quizá alguien lo haya pensado.

Muchos freelances, autónomos y telempleados sienten la necesidad de estar siempre justificándose, reiterando una y otra vez que sí, que cumplen con su jornada laboral, como cualquier hijo de vecino. ¿Por qué? Porque el teletrabajo todavía no está integrado en nuestra sociedad. Está infravalorado. Las empresas no confían en esta opción. O al menos no todo lo que podrían. Hace unos días, una encuesta de la consultora bServices sacaba a la luz que sólo el 7,5% de los españoles trabaja desde casa.

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Imagen: blog.smartbear.com

En una era en la que, sobre todo en empresas relacionadas con el high tech, el teletrabajo podría ser más fácil que nunca y estar al alcance de todos, parece que no termina de arrancar. ¿Las razones? Para algunas compañías resulta menos efectivo y creen que no estimula la creatividad de su equipo, además de que no es fácil que la cultura de empresa tenga efecto en sus empleados si no están presentes. Por ejemplo, Yahoo prohibió que se trabajara desde casa, ya que cree que las mejores ideas surgen del trato con los compañeros y de los encuentros informales. Otros jefes creen que si no ven lo que hace su subordinado, si no está materialmente ahí, a diez metros de él, no tienen la certeza de que este siendo productivo. Por otro lado, los trabajadores tienen miedo a no ver reconocidos sus logros o a tener menos posibilidades de un ascenso si no van cada día a la ofcina. Un estudio conjunto de la Universidad de California y  de London Business School descubrió que los teletrabajadores tienen sueldos más bajos y menos posibilidades de promoción en sus empresas.

Esto sucede en España, pero también en otros países en los que la cultura del teletrabajo está más desarrollada. Por ejemplo, en Estados Unidos un 24, 55%de trabajadores reconoce trabajar unas horas a la semana desde su hogar,  pero de ese 24%  solo un 2,5 considera que este es su  principal lugar  de trabajo, según the Telework Research Network.

Y en Reino Unido, donde también está más implantado, todavía goza de cierta mala imagen, prueba de ello es la broma del ex alcalde de Londres, Boris Johnson, “todos sabemos que se trata de ir a la nevera a por queso, volver y de nuevo comprobar tus emails”.

En España a este estigma hay que sumarle la rigidez del mercado laboral. Otro informe recogido por bServices señala que el 79,6% de los empleados considera que los horarios de trabajo son muy estrictos.

El teletrabajo no tiene porque ser la única opción, pero combinar los dos escenarios es un valor añadido para las compañías. De esta forma los trabajadores no solo pueden conciliar su vida laboral y profesional, se ahorran también tiempo y dinero en transporte. Además es un ahorro de costes de oficina. Pero lo más importante es que en muchos casos pueden realizar exactamente las mismas tareas y estar en contacto directo con sus compañeros, jefes y clientes. Que alguien haga uso del teletrabajo no significa que esté aislado. Por ejemplo, para evitar ese miedo a la invisibilidad, existen consejos como llamar al final de la jornada para contar cuales han sido los progresos, responder de forma inmediata a los emails, o ser  especialmente activo cada vez que vayas al lugar de trabajo. Un empleado que es capaz de realizar sus labores fuera de su puesto tradicional es un empleado con autodisciplina, automotivación y versatilidad. Y eso hay que valorarlo. Debemos tratar a nuestros empleados como adultos capaces de trabajar en diferentes ambientes y ser flexibles con sus necesidades.

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