Contratos temporales: cuando las empresas no tienen otra opción

Carla y Juan trabajan en la misma empresa. Ambos cumplen la misma función. No se trata de empleo estacional, son contables. Una es indefinida y el otra acaba de entrar en la empresa de forma temporal. Podrá mantener este tipo de contrato durante dos años.  Los dos tienen una jornada laboral a tiempo completo,  de  9 a 17. Y son piezas clave para una compañía que se ha visto tocada por la crisis y empieza a ver la luz. Despedir a uno le sale a la empresa por 33 días por año trabajado, al otro por 12. La diferencia entre la indemnización por despido de una y otro es una de las mas altas de Europa. En realidad, Carla y Juan son solo dos ejemplos de un mercado laboral a dos velocidades del que tantos economistas vienen avisando.

En España se esta creando empleo. El pasado año se crearon 525,000 puestos de trabajo. Pero, tal como alertan los sindicatos y hasta la Organización Internacional del Trabajo, sobre todo se crea empleo temporal. Y esto no es nuevo. Ni es una causa de la crisis, ni consecuencia (aunque la reforma de 2012 tampoco ha hecho mucho al respecto). De hecho, era en tiempos de bonanza cuando alcanzamos las cotas mas altas: en 2007, llegábamos a un 34%del empleo temporal.

Nuestro país siempre ha tenido unas elevadísimas tasas de trabajo temporal, desde que se aprobara la reforma laboral de 1984, cuyo objetivo fue el de facilitar a las empresas el uso de las relaciones laborales temporales. Siempre ha estado por encima de la media europea. Ahora, esta a la cabeza solo con Polonia. Y muchos economistas polacos, precisamente alertan de que el país se esta acercando peligrosamente a España. Un ejemplo de lo que no hay que hacer.

Para muchos esta temporalidad se debe a la estacionalidad de los empleos, a una economía excesivamente dependiente del turismo, al sector de la hostelería e incluso al boom de la construcción. Y esto tiene algo que ver, pero no todo.

Las razones de esta obsesión por los contratos temporales no son solo la estacionalidad, o como ya he dicho, la rentabilidad de los contratos temporales para las empresas. También, es que hasta ahora el mercado era tan rígido, que las empresas solo tenían esta herramienta y la del despido para adecuar sus necesidades.

Mientras que en otros países como Estados Unidos las empresas tienen libertad para tomar decisiones necesarias cuando tienen perdidas, en España hasta hace poco no ha sido así. Y quizá por eso, sea el país que mas empleo haya destruido con la crisis. Porque la única opción era despedir. Ahora estamos creando empleo, pero aun así, las tasas de parados son escandalosas.

La rigidez del mercado laboral es uno de los males de toda economía. Si, quizá uno crea que para acabar con los temporales lo importante es la regulación, regulación estricta. Pero la economía es cíclica  y la regulación estricta, una vez mas, nos llevará a caer en el juego de siempre. Hay que mantener mecanismos de protección frente al despido, de acuerdo. Pero no podemos de nuevo llegar a ese punto en el que  cuando las cosas van mal las empresas no tienen mas alternativa que despedir  y tirar de temporales, de falsos autónomos o incluso becarios.

Es mejor que las empresas puedan tomar otras decisiones, como la movilidad geográfica, movilidad interna, reducción de la jornada o incluso bajada de salario.

Estoy de acuerdo con que hay que proteger a los trabajadores, que una empresa no puede hacer un ERE  sin justificarlo. Pero si que puedan encontrar un balance entre las necesidades del mercado y el bienestar de sus trabajadores. No todos los despidos deben ser procedentes hasta que se demuestre lo contrario. Pero tampoco los contratos temporales pueden ser la única opción cuando las cosas se ponen feas.

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