¿Por qué la estrategia de desinversión puede ser positiva para su empresa?

En el imaginario colectivo  se concibe la estrategia de desinversión como algo negativo. Muchos asocian desinversión con quiebra, fracaso, bancarrota. La realidad es bien distinta. Lo cierto es que estamos ante un  movimientos empresarial muy habitual que se adopta en base a unas necesidades o a un fin concreto, siempre bajo una planificación y unos objetivos marcados.

Se trata de la reducción o la disminución de algún tipo de activo o el aumento de algún tipo de pasivo, ya sea por motivos éticos, financieros o para la venta de un negocio ya existente. Y es esta última razón la que más me interesa: la  necesidad de reestructuración.

Cuando nos referimos a la desinversión como reestructuración, el ejemplo más claro es el de aquella compañía que vende una filial de su empresa que no cumple los objetivos necesarios, para así impulsar otro área, mejorar la situación financiera de la compañía y reducir su deuda. Ejemplos como  Eastman Kodak, Ford Motor Company, Future Group han seguido este proceso. En estos casos el lema es el siguiente: “vale más vender que mantener”.

A la hora de analizar la situación de sus filiales, el empresario debe hacerse ciertas preguntas:

-¿La proporción de negocios maduros o en decadencia aminora el ritmo de crecimiento corporativo?

-¿Contiene la cartera negocios  en los que la empresa no necesita operar?

-¿Los negocios de la firma son excesivamente vulnerables a factores externos?

–¿La organización carga con demasiados negocios en posiciones intermedias o débiles?

-¿Las perspectivas son vagas o inciertas en muchas de las industrias o negocios en que opera la compañía?

-¿Hay suficiente coincidencia estratégica entre los diferentes negocios de la compañía?

¿Cuál es el objetivo final de la desinversión?

Sí la respuesta a la mayoría de preguntas es sí, es mejor tomar medidas cuanto antes. La finalidad que persigue la estrategia de desinversión es la de conseguir más recursos. Estos nuevos recursos que se obtienen mediante la desinversión, estarán destinados a actividades económicas con una mayor expectativa de negocio. Se redirigen los esfuerzos hacia otro sector más rentable. Puede verse como una estrategia defensiva pero también como una gran oportunidad.

Actualmente la disminución de la liquidez ha llevado a los empresarios a renunciar a las   inversiones a largo plazo, a cambio de obtener efectivo para afrontar las dificultades propuestas por la dinámica económica global. No sólo la situación en nuestro mercado influye (competencia, oferta y demanda…) también hay factores exógenos.  La caída de los precios del petroleo o la desaceleración en China pueden motivar un cambio de estrategia para muchas empresas a la hora de elegir sus inversiones y desinversiones.

¿Cómo llevar a cabo este proceso?

Es necesario tener un plan estructurado. Para identificar a los posibles compradores de estas filiales, es necesario llevar a cabo un análisis  estratégico de todos los aspectos mercantiles, sectoriales y de localización que permitan focalizar nuestros esfuerzos de búsqueda de inversores con el mayor grado de eficacia y rapidez.

Es cierto que con el avance de las nuevas tecnologías, las empresas lo tienen más fácil para llevar a cabo el proceso de de desinversión de algunas divisiones. Gran parte de la información sobre la división que desean vender está abierta al público. Aún así, puede ser un procedimiento de resultados inciertos. Para que la venta tenga éxito,  en la mayoría de los casos, se necesita un intermediario que agilice y optimice el proceso.

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