Emprendedores sociales: los héroes de nuestro tiempo

Siempre he creído que si existen superhéroes más allá del Universo Marvel, de las capas y de los efectos especiales, esos son los emprendedores sociales. ¿No es lo más parecido? Son un pilar cada vez más importante en la sociedad, aunque a veces trabajan desde la sombra y no se conocen (como buenos héroes), cada vez están adquiriendo mayor cantidad de atención, talento e inversión. Además, poco a poco empiezan a abrirse un hueco importante en el tejido empresarial europeo.

Y es que, no hay nada tan poderoso como una buena idea en manos de un emprendedor. Los emprendedores sociales son personas con soluciones innovadoras para los problemas más profundos de la sociedad. No hablan, actúan. No ven problemas, ven oportunidades para contribuir a la mejora de la sociedad. Ven soluciones. Y eso, amigos míos, a día de hoy, es una rara avis.

Desde que en los año 80 Bill Drayton, premio Príncipe de Asturias en 2011 y creador de Ashoka, la asociación de emprendedores más grande del mundo, popularizara el término «emprendedor social», el concepto ha adquirido una notable relevancia. A mí, entre todas las definiciones, me gusta la de la Fundación Skill, esa que dice que los emprendedores sociales son «líderes probados cuyos enfoques y soluciones a los problemas sociales están ayudando a mejorar las vidas y circunstancias de incontables individuos desfavorecidos».  

¿En que se diferencian del resto?

Pero, un momento. ¿En que se diferencian del resto de emprendedores?¿Es que unos  se dejan llevar exclusivamente por el dinero y los otros por el altruismo? ¿Así de simple? No creo que la diferencia esté en la motivación.  Los emprendedores, sea cual sea su área, raramente se dejan llevar exclusivamente por el dinero, de hecho, no es fácil hacerse millonario emprendiendo, y a veces los costes son mayores que los beneficios, lo sabemos de sobra.

Los emprendedores se motivan por la oportunidad de llevar a cabo sus ideas y trabajan sin descanso para lograrlo. Da igual si juegan dentro del mercado o se sitúan en un contexto sin fines de lucro. La diferencia está en la propuesta de valor, unos crean el producto o servicio para obtener un beneficio financiero mientras que otros, no prevén crear beneficios económicos sustanciales para su inversores (organizaciones filantrópicas y gubernamentales) o para si mismos. Su objetivo es que sus proyectos sean un agente de cambio y reviertan de forma positiva en un segmento de la sociedad. Aunque eso sí, tienen al menos, que ganar para cubrir sus gastos, no son ONG´s.

Uno de los casos más conocidos es el de la entidad de microcrédito Grameen Bank, con sede en Bangladesh y que fue fundada por el Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus. Este vídeo describe a la perfección su historia.

En la actualidad quiero destacar un par de ideas, que además forman parte de los 33 mejores proyectos del planeta, según la fundación Schwab. Por ejemplo, la empresa Possible quiere llevar un nuevo concepto de atención médica al Nepal rural: la «sanidad duradera». El proyecto se basa en una colaboración público-privada donde el gobierno paga a la empresa para atender a las comunidades rurales a través de las infraestructuras gubernamentales. La organización sólo cobra si obtiene resultados.

Otro, quizá les suene: bKash, con 16 millones de beneficiarios. Su plataforma móvil permite realizar transacciones financieras «prácticas, fiables y económicas». A través de una ‘joint venture’ entre BRAC Bank y Money in Motion, bKash se ha convertido en la segunda empresa mundial de dinero móvil con mayor número de cuentas.

Alternativa a la reducción de recursos públicos

No sólo el sector privado se beneficia, también el público. En Estados Unidos, por ejemplo, la Administración Obama creó la Oficina de Innovación Social y Participación Cívica, que promueve iniciativas de emprendimiento social. En el caso del Reino Unido, la Big Society y el Big Society Bank (BSB) promovidos por el primer ministro, David Cameron, están en esta misma línea de cooperación público-privada.

En nuestro país las empresas que tienen proyectos destinados a España están muy centradas en ayudar a colectivos especialmente necesitados de apoyo, como personas discapacitadas, enfermos mentales, exdrogodependientes, expresidiarios, mujeres maltratadas, parados de larga duración o jóvenes con formación escasa.

Si estás pensando en emprender, estos proyectos pueden ayudarte a dar el salto.

Think Big, un proyecto de Fundación Telefónica a través del cual ayuda a jóvenes emprendedores sociales de entre 15 y 25 años, procedentes de toda España a transformar sus ideas en proyectos sociales a lo largo de seis meses con la colaboración de mentores que les guían y aconsejan.

Jóvenes Emprendedores Sociales, programa de BBVA, cuyo objetivo es formar estudiantes de carreras técnicas de sectores vulnerables en emprendimiento, liderazgo e innovación.

Premios Jóvenes Emprendedores Sociales, organizado por la Universidad Europea de Madrid. Estos premios reconocen en nuestro país la iniciativa de jóvenes, de 18 a 29 años, que lleven a cabo un proyecto social o ambiental con impacto en España y que haya supuesto un cambio positivo en las comunidades y sectores donde se desarrolla.

Si tienes una idea, ¿a qué estás esperando?

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