Fuera de la zona de confort (especialmente en el trabajo)

Si es tan amable, eche un vistazo a estas dos afirmaciones.

-Me siento cómodo en mi trabajo. Intento asumir los menores riesgos posibles, ya que estoy bien como estoy  y no quiero retos que me compliquen la existencia.
-Intento innovar cada día, crecer como profesional y aprender. Tomo iniciativas, a veces sin saber cual será el resultado final, pero disfruto al asumir nuevas responsabilidades y riesgos.

¿Ya? No voy a preguntar en cual de las dos se ha situado, sino en cual de los dos se quiere situar. Y ahora, ¿cual de las dos posiciones cree usted que es más atractiva para las empresas?

Cualquiera de las dos es válida, pero la primera acabará convirtiéndole en un ser humano estático y atado de pies y manos a su zona de confort. Esto ya lo ha oído antes. Según, A. K. White, teórico en el campo de la Administración, la zona de confort es un estado de la conducta dentro del cual una persona actúa bajo una condición de ansiedad neutra, utilizando un conjunto limitado de comportamientos que hacen que esta tenga un nivel no variable de desempeño, por lo general omitiendo el sentido de riesgo. En pocas palabras, se trata de esa zona en la que nos sentimos seguros, cómodos y…paralizados.

La segunda opción es la que señalan las personas proactivas, los emprendedores, por ejemplo. Sea cual sea la fórmula, los que arriesgan siempre obtendrán el consecuente aprendizaje que les dotará de una ventaja competitiva frente a aquellos que simplemente se conforman con “lo que hay”. Salir de la zona de confort puede abocarle al fracaso, claro. Pero que sería de la vida sin riesgo. Igual que en nuestra vida personal nos arriesgamos con nuestras relaciones personales, con nuevas amistades, con viajes, con todo. En el terreno laboral, la tarea de cualquier líder profesional es buscar la innovación constante a través de retos diarios, grandes o pequeños.

Miren, conozco una persona que fue solicitada para trabajar en una compañía muy importante, con excelentes condiciones. Pensó que no daría la talla, le entró el pánico escénico y empezó a buscar todo tipo de excusas para no aceptarlo, “que si está lejos de casa”, “que si estoy bien donde estoy” , “que si no tengo el nivel de inglés suficiente”. Aplicó el dicho de más vale malo conocido que bueno por conocer. Han pasado cinco años de eso y, créanme no hay día que no se arrepienta. Nadie quiere pasar su vida con un ¿y si? en la punta de la lengua. Las oportunidades no aparecen dos veces.

Todos los genios han salido alguna vez de su zona de confort. Imaginen que Einstein se hubiera dicho, ay, que pereza la teoría de la gravedad, y Copérnico a regañadientes, para que me voy a meter en este berenjenal de la teoría heliocéntrica. Escenifiquen a  Stephen Hawkings  con un mejor me quedo en casa, al descubrirse su enfermedad, o Marie Curie¿arriesgarme a la radioactivad? de locos. Y así, una larga lista de personas que han cambiado el rumbo de la historia. Seguramente, todos hubieran estado más a gusto en su burbuja, sin tener que preocuparse por nada más que cubrir sus necesidades vitales. Pero una fuerza irrenunciable les llevó a apostar por su pasión y a vivir por ello en lo que creían.

Y es que, grande o pequeña, todos tenemos una pasión. Y disculpen, pero creo que ese debe ser el motor de nuestra vida. Debemos explotarla hasta las últimas consecuencias. Escaparnos de la mediocridad, de lo ya conocido, de la cotidianidad. Dar un paso más allá. Sentir el miedo. Creer en nosotros. Aceptar los cambios y los retos. ¿He dicho aceptarlos? Mejor, buscarlos.

Para salir de la zona de confort en el terreno laboral es vital la innovación; al estar en un “terreno desconocido” es fundamental ser creativos, innovar, crear nuevas soluciones a los problemas planteados y marcar la diferencia. También es importante la flexibilidad y la capacidad de adaptarse -y sobreponerse- a situaciones adversas. No todo será fácil en el camino, pero en el proceso hasta el éxito la perseverancia será su aliada.

Un ejemplo, dejar un empleo y montar una startup por cuenta propia o crear un negocio es salir de la zona de confort para arriesgar. Será incomodo, imposible al principio, numerosos papeleos, trabas (recuerden que estamos en España), una estrategia de marketing y una considerable inversión inicial que tardará en dar beneficios. Habrá gente que le critique desde su zona de confort, otros le aplaudirán. Pero todos ellos estarán en las gradas y usted en en el campo de juego.

Estará fuera de la zona, y se dirá “ay que frío hace en este lado, quiero volver a taparme con mi edredón”. Aguante el chaparrón, porque el resultado final no podrá ser más gratificante. El éxito incluye por momentos incomodarnos con actividades difíciles, que nos producen pereza o que requieren mucho trabajo. Y aunque después de todo su proyecto no triunfe, también ha sido un éxito porque ha aprendido en el camino. Insista. La veces que haga falta. Como decía  Robert Kiyosak “El fracaso derrota a los perdedores, e inspira a los ganadores”.

Si no se ve montando algo por su cuenta sepa que, también, las empresas buscan empleados que arriesguen. Se de lo que hablo, créanme. La gente entusiasta, enérgica, autónoma y con iniciativa propia que acaba  transformando sus ideas en realidades va un paso por delante. Las personas motivadas por su propio crecimiento, que son creativas e innovadoras, y que sepan marcarse objetivos tienen mucho ganado. Un trabajador que sólo aporta trabajo y no se arriesga nunca va a avanzar. Se quedará donde esta, para bien o para mal. Como ya escribí en un artículo anterior sobre el talento, son las personas resolutivas, con capacidad para tomar decisiones y asumir riesgos las lideres del mañana.

Sin duda, en DIPCOM CORPORATE aplicamos esta máxima y sólo contratamos y colaboramos con personas que saben salir de su zona de confort y plantearse nuevos retos dentro de nuestra organización. Un empleado nuestro puede empezar trabajando dentro de un proyecto como Interim Manager y acabar participando como accionista en la propia empresa del cliente, por poner un ejemplo. Para eso hacen falta perfiles que entiendan que el trabajo es algo dinámico y que constantemente puedan abordar retos nuevos.

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