Inversiones de impacto: se avecina algo grande

Cada vez es más evidente que los retos a los que se enfrenta la sociedad en pleno siglo XXI son demasiado complejos como para que los gobiernos u organizaciones no gubernamentales sean capaces de resolverlos por si solos. Es un hecho. Y es entonces cuando entran en escena las inversiones de impacto 

Las inversiones de impacto son la posible solución a problemas tanto específicos como globales. Pueden abarcar desde la cura para la malaria, hasta reducir la pobreza, frenar la delincuencia o contribuir al desarrollo sostenible. La idea es simple, el potencial inmenso. Se trata de inversiones que se dirigen expresamente a iniciativas capaces de producir un cambio en la sociedad, siempre buscando el retorno financiero. Un modelo emergente que aprovecha el espíritu empresarial, la innovación y el capital para poder iniciar una mejora. Cada vez más, los inversores se apuntan al lema de do good while doing well, algo así como hacer el bien, haciéndolo bien.

No es un tema baladí. Y si no, atentos a los datos: 46 mil millones de dólares es la cifra que JP Morgan y el Global Impact Investing Red publicaron el pasado año después de analizar las 125 principales gestoras de fondo y fundaciones financieras de desarrollo. Un 20% más que en 2012.

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¿En qué sectores se centra? Según el Asian Development Bank existen mayores inversiones de impacto en los sectores de educación, agricultura sostenible, energías alternativas, salud, agua y microfinanzas. ¿Y en que países? El 70% de las inversiones de impacto se localiza en países emergentes y el 30% en países menos desarrollados. El grupo mayoritario está constituido por gestoras de fondos de inversión y el segundo más significativo por el de las fundaciones (22%). Sin embargo, hay un amplio espectro de instituciones a tener en cuenta; bancos de desarrollo, de inversión e institucionales, bancos comerciales, empresas o grandes fortunas.

De forma más gráfica, para hacernos una idea de cómo funciona, veamos un par de ejemplos que ilustraba recientemente la revista Forbes. El año pasado, el Estado de Nueva York y el Banco de Finanzas sociales de America Merrill Lynch se unieron para lanzar un “bono de impacto social”, diseñado para reducir el problema de reincidencia criminal al que se enfrenta Nueva York. Se invirtieron 13,5 millones de dólares para impulsar el Centro de Oportunidades de Empleo. Si el Centro cumple con los objetivos de reducción de las tasas de reincidencia, los inversores obtendrán hasta un rendimiento del 12,5 %.

Otro caso, el de d.light, empresa que fabrica y distribuye productos de iluminación y paneles solares a todos aquellos a los que los que no tienen acceso a electricidad renovable, transformando las vidas de millones de personas en países en desarrollo. En alrededor de ocho años d.light ha llegado a más de 30 millones de personas en todo el mundo. Como estos hay muchos otros ejemplos.

¿Pueden entonces estas inversiones marcar una nueva tendencia, un cambio de paradigma? ¿O están todavía a medio gas? Ya la están marcando, y tienen precedentes. Recordemos el boom que generó el mercado de capital de riesgo en la década de 1980, cambiando la iniciativa empresarial , la economía global y nuestra sociedad para mejor. Nuevos productos y servicios inundaron el mercado. La feroz competencia hizo el resto, abriendo el abanico de ofertas y aumentando la calidad.

Claro, no es oro todo lo que reluce, todavía queda mucho por hacer. Entre los desafíos más importantes a los que se enfrentan los emprendedores e instituciones que impulsan iniciativas sociales se encuentra el desarrollo de un mercado de capitales que facilite la financiación de sus propuestas y proyectos. Otro de los retos es el de como medir el impacto. No es fácil. Para ello, GIIRS, el Sistema de Clasificación de Inversión de Impacto Global, está aumentando su base de usuarios con el objetivo de permitir evaluaciones comparativas basadas en datos. También el registro IRIS actualmente ofrece ejemplos de las métricas utilizadas por más de 60 inversores. Varios grupos como la Asociación Europea Venture Philanthropy y TONIIC también han comenzado a abordar la cuestión de mercado de “cómo medir ” con el lanzamiento de las guías de medición del impacto.

Por supuesto, todos estos temas requieren una mayor colaboración por parte tanto del sector público como privado y un espíritu de transparencia. Esperemos que este tema llame la atención del G8, porque es crucial que tanto los gobiernos nacionales como las instituciones supranacionales contribuyan a crear un mercado de inversión de impacto global más fuerte.

Con todo, se estima que el mercado de inversión de impacto podría alcanzar los 3 billones de dólares. Y a medida que se genere mayor conciencia social entre empresarios e inversores, estoy seguro de que de la oferta de oportunidades de inversión de impacto se ampliará enormemente. Y si no, tiempo al tiempo.

Ahora, para los posibles inversores, tienen a su alcance  portales de busqueda online como ImpactBase directorio en línea de búsqueda, que cuenta con perfiles de cerca de 250 fondos y productos o índices de referencia como ImpactAssets. Recomiendo informarse más sobre el tema e intercambiar información con otros inversores. Con este  tipo de inversiones todos ganamos.

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